¿Por qué parece que los independentistas van ganando?

Para sostener una ideología hay que construir un relato. El relato es una versión de los hechos, una versión de la realidad, un punto de vista que lo cambia todo. El relato debe ser atrayente para sumar adeptos. En política suele vencer aquel que construye un relato atractivo sustentado en lo tangible, en lo que uno puede ver en su día. Si en su día a día ve más pobreza un relato basado en la justicia social tendrá sentido. Si solamente ve ostentación carecerá de sentido. Hay que interpretar bien la realidad para construir un relato que ponga el foco en unas partes y no en otras o que consiga agitar a una minoría movilizada. 



Los independentistas van ganando en la gestación de un relato, una versión alternativa sólida, creible y atractiva. Pero veamos cuáles son hasta el momento los relatos en liza.

El independentismo ofrece una república moderna. Frente a eso el Estado Español ofrece una monarquía mezclada con la corrupción, desprestigiada en lo moral y ético e incumplidora de su papel de árbitro institucional asumiendo sin matices el discurso del gobierno. Su mensaje se realiza en un despacho recargado, con lenguaje corporal agresivo, lenguaje textual sesgado y un cuadro de un rey borbón detrás con lo que supone eso de escenario retrógado. Un rey castigador.
Sin costes de transición. Es curioso lo fácil que le ha resultado al independentismo explicar una república sin costes de transición. Eso ha ocurrido por la negativa sistemática del bando unionista a explicarlos. No los ha explicado porque ese discurso formaría parte de un referéndum. Efectivamente, el referéndum es el escenario ideal para explicar que las cosas no son gratis, todo tiene costes: salida de empresas, desprestigio de mercados, inseguridad jurídica, transacciones con el nuevo estado, devolución de inversiones,  despidos o incorporaciones de funcionarios., adaptación de sistemas informático y tributario.
Hay muchos costes de transición sin evaluar por la negativa a afrontar el referéndum y abordar el debate más importante dentro de la racionalidad ¿pero esto de independizarse cuánto cuesta? 

Dialogante y con más politica. El relato independentista se basa en ofrecer más democracia y más política. Durante la crisis una parte de la sociedad catalana se repolitiza y quiere más poder político frente a la pérdida de soberania de los estados. Asocian el referendum con una idea de democracia más avanzada frente a la democracia española muy deteriorada en sus pilares básicos (separación de poderes, ley mordaza, participación social...). Frente a eso el unionismo ofrece un relato basado en lo judicial y lo policial. Ofrece una lucha entre legalidad y legitimidad. Situa la ley por encima de la soberanía. Una ley ¿sirve al pueblo que la crea o limita al pueblo que la creó? A las ofertas de diálogo se responde con cargas policiales televisadas para todo el mundo donde aparecen policías requisando urnas y clases populares frente a robocops policiales.

Pacífica. El independentismo sigue al pie de la letra los manuales de resistencia pacífica dosificando los ritmos respecto a la represión. Así siempre ofrece concentraciones pacíficas y sin incidentes frente a los incidentes de los ultras unionistas. En todo momento parece que los líderes son capaces de manejar las formas y los escenarios. Frente a ello el unionismo ofrece querellas, prisiones preventivas, ultras pegándose entre sí en los bares, ocupación policial venida de los lugares más catalanófobos y un 155 desproporcionado que incluye la intervención de medios de comunicación para controlar la propaganda.
Respetuosa. El independentismo construye un relato de respeto hacia el hipotético nuevo vecino. Sus declaraciones hablan de buena vecindad, de máxima colaboracion económica. Mientras tanto el unionismo llena de banderas españolas y grita "a por ellos" como gesto de sometimiento más allá de cualquier relación de seducción, afecto y respeto. El insulto hacia lo catalán es diario, se silba a Piqué y se insulta todo lo catalán, se hacen boicots a productos catalanes. No parece el mejor método para gustar a unas gentes.

Idílica en lo social. Ante la no existencia de un debate sobre la conveniencia, oportunidad y costes de la independencia (el debate ha sido sobre si referéndum si o referéndum no), el independentismo ha campado a sus anchas explicando una versión de nacionalismo social que incluye un pacto social diferente al español mucho más ventajoso para las clases populares. Ofrecen un capitalismo nórdico muy proteccionista aunque la antigua Convergència i Unió nunca lo construyó. Sin embargo, el embalaje de Junt pel Sí que incluye ERC permite ofrecer un nuevo nacionalismo social parecido al escocés. Se trata no de ofrecer una simple nueva nación sino un nuevo modelo social de nación. Es un producto perfectamente vendible. Frente a ello España ofrece recortes sociales, inestabilidad política, desempleo, corrupción...

Multilingüe. Todos los portavoces independentistas se esfuerzan en hablar tantos idiomas como conocen. No solamente para internacionalizar el conflicto y ser escuchados más allá de los Pirineos sino también para ofrecer una imagen culta y multilingüe. Esa imagen cuadra con la construcción de un relato nuevo de nacionalismo cosmopolita donde Barcelona emerge como una gran urbe internacional donde la catalanidad es un símbolo de cosmopolitismo. Los niños catalanes ofrecen los mejores resultados en todas las lenguas y Barcelona está inundada de turistas multilingües. Frente a ellos el unionismo ofrece "yo soy español" y estoy orgulloso de hablar una sola lengua y no entender ni querer entender ninguna más. Incluso los esfuerzos de Borrell por mezclar las dos lenguas resultaban chirriantes.

Cívica. El indepentismo cuenta con un brazo político y un brazo cívico (ANC y Omnium) que juntamente con el Barça actúan como gestores también de lo político. La existencia de un brazo cívico permite involucrar personas que se alejan de la política de siglas pero se acercan al mundo de las ideas. Y en este tema es clave el sector universitario.

Interclasista. Aunque las encuestas digan que existe menos fervor independentista en los barrios más pobres que en los más ricos, el relato que construye el independentismo tiene una narrativa transversal que se mueve en todas las clases sociales. No hay ningún movimiento de clase aunque hayan construido un nacionalismo social. Es un nuevo pacto de convivencia que, en teoría, genera un nuevo marco de convivencia más homogeneo y cohesionado en lo social. Frente a ello el unionismo ofrece un relato de bajo nivel cultural: se niega a elaborar un argumentario económico que facilitaría la presencia de autoridades cientificas en la materia y se concentra en el concepto de masa y gestion institucional del conflicto. Gentes contra instituciones.

Épica. Lo que mejor ha sabido hacer el independentismo es la creación de una épica. Desde luego lo tenian más fácil porque crear una nueva nación es crear historia y eso ya tiene épica. A partir de ahí todo patriotismo construye épicas parecidas: héroes, mártires, batallas y efemérides (1O), símbolos (Piolín o la nueva bandera estelada azul), liderazgos intermedios, embajadores (Guardiola o Piqué). Frente a eso el unionismo ofrece una narrativa más bien aburrida con jueces, tribunales, policía, Sergio Ramos, banderas del pollo, verdugos, fanáticos con tatuajes nazis, patadas, defensa del inmovilismo, antirreformismo a ultranza. En fin, resulta dificil vender eso.

Iniciativa. Para crear una buena narrativa hay que manejar bien los ritmos. Una tensión social requiere mucho esfuerzo y compromiso de mucha gente y eso no es fácil de sostener en el tiempo. Hay que alternar los actos de convocatoria que requieren mucha gente y mucho músculo con las acciones publicity que generan muy buenos resultados con pocos recursos (rueda de prensa en Bruselas). Sobre todo hay que marcar bien los hitos. In crescendo antes del referéndum, descanso postrreferendum, subida para la DUI y finalmente telón lento hasta el 21D con un desfile de "víctimas" de la represión por tribunales y una campaña basada en la represión del estado a dejar votar. Frente a ello el Gobierno de España funciona a rebufo, sin tener ninguna iniciativa, sin ofrecer ninguna otra alternativa ilusionante de reforma o construcción de algo nuevo. Van improvisando una narrativa reactiva y de respuesta frente a todas las preguntas que va poniendo el independentimo sobre la mesa.

Factible. Finalmente, el independentismo ha conseguido encajar la idea en el nuevo escenario de lo factible a base de desafíos en escalada. Dijeron que votarían y votaron. Votaron más de dos millones de personas que es una cifra a tener muy en cuenta, incluso si fueran esos exclusivamente los hipotéticos votantes de un Sí a la independencia. Hace tres meses mucha gente pensaba que era un órdago para mejorar la financiación (Oltra por ejemplo). Antes de la DUI la gente pensaba que no se atreverían y se atrevieron. Y aunque no hay más que salir a la calle para comprobar que casi todo sigue igual hay una cosa que ha cambiado. El unionismo se tiene que ocupar del tema porque si ahora no es factible en cinco años lo será. La propuesta es creíble, tiene músculo, tiene inteligencia, tiene disciplina y compromiso. Eso es mucho porque están a un paso (un 20%) de situarse en el 60% de electores que desequilibran una opción u otra.

Lo difícil es que una España decadente en lo político, en lo democrático, en lo social, en lo laboral, en lo económico construya una narrativa atractiva, moderna, agitadora, transversal, con democracia de alta calidad, sin miedo al futuro. Lo tiene realmente dificil.

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